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Francisco Ramos Mexía y el riesgoso camino de pensar diferente.
La Historia Argentina, como toda historia nacional, tiene sus preferidos. Protagonistas que por identificación popular o por la solidez de su lucha, vieron como sus nombres se convertían en monumentos, avenidas, bibliotecas y clubes. Son la memoria en vida de aquel pasado, la que compartimos diariamente. La Historia tiene también sus Malditos, aquellos que tomaron decisiones complejas y debieron convivir con un adverso juicio en el tiempo.
Francisco Ramos Mexía no recibió un trato de preferencia. Aunque tal vez su figura hubiera sido del agrado de algunos de los próceres de los siglos XIX y XX, no tuvo el premio del homenaje constante. Tampoco se lo encasilló como a uno de los Malditos de nuestra Historia.
Su sitio fue mucho peor: el de Los Olvidados. Ignorado en los libros, sin lugar en las aulas, solo una localidad en aquellas que fueran sus tierras mantuvo su nombre vigente en la actualidad. Un nombre vaciado del contenido que Ramos Mexía le dio a su vida.
Y es que Francisco Hermógenes Ramos Mexía, en aquellos tiempos iniciales, cuando el país era sangre en ebullición, levantó banderas que no se le pudieron perdonar. Sus poderosos enemigos no tuvieron clemencia.
Cuando la afrenta condiciona el juicio de la historia para los que dominan la sociedad, cuando el debate no los favorece, el perdón es una quimera. No bastó con el destierro. Era necesario el olvido.
Esta novela transita su historia. Su vida, sus ideas, su obra. Y su muerte.
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Francisco Ramos Mexía y el riesgoso camino de pensar diferente.
La Historia Argentina, como toda historia nacional, tiene sus preferidos. Protagonistas que por identificación popular o por la solidez de su lucha, vieron como sus nombres se convertían en monumentos, avenidas, bibliotecas y clubes. Son la memoria en vida de aquel pasado, la que compartimos diariamente. La Historia tiene también sus Malditos, aquellos que tomaron decisiones complejas y debieron convivir con un adverso juicio en el tiempo.
Francisco Ramos Mexía no recibió un trato de preferencia. Aunque tal vez su figura hubiera sido del agrado de algunos de los próceres de los siglos XIX y XX, no tuvo el premio del homenaje constante. Tampoco se lo encasilló como a uno de los Malditos de nuestra Historia.
Su sitio fue mucho peor: el de Los Olvidados. Ignorado en los libros, sin lugar en las aulas, solo una localidad en aquellas que fueran sus tierras mantuvo su nombre vigente en la actualidad. Un nombre vaciado del contenido que Ramos Mexía le dio a su vida.
Y es que Francisco Hermógenes Ramos Mexía, en aquellos tiempos iniciales, cuando el país era sangre en ebullición, levantó banderas que no se le pudieron perdonar. Sus poderosos enemigos no tuvieron clemencia.
Cuando la afrenta condiciona el juicio de la historia para los que dominan la sociedad, cuando el debate no los favorece, el perdón es una quimera. No bastó con el destierro. Era necesario el olvido.
Esta novela transita su historia. Su vida, sus ideas, su obra. Y su muerte.